Una vez nos hemos leído el libro, entendido la importancia del capítulo uno en el correo anterior y evaluado nuestra interacción con el caballo, es muy posible que nos estemos dando cuenta de que hay cosas que hay no estamos haciendo del todo bien aunque aún nos cueste identificarlas en todo momento. Para eso estamos aquí 😉
Hoy vamos a poner en práctica el primero y el segundo capítulo del libro: Diagnosticar el tipo de relación entre caballo-jinete e interpretar las señales que nos lo demuestran.
Otra clase larga, pero te prometo que vale la pena leerla. Al final te daré una solución que puedes empezar a aplicar ya mismo si te encuentras con una situación parecida a la que veremos hoy.
Como hemos visto antes, solemos subestimar señales y pequeños detalles por diferentes motivos:
- Porque creemos que nuestro caballo es bueno y nunca nos irá a hacer daño (no siempre tenemos claro que un animal tan noble pueda hacernos daño)
- Porque no sabemos interpretar las señales más sutiles que transmite el caballo mucho antes de una señal realmente peligrosa
- Simplemente no le damos la importancia debida.
Demasiadas veces, nos damos cuenta de ciertos comportamientos cuando ya es demasiado tarde. Algunas señales son muy claras, otras no tanto. Precisamente las que no son tan claras nos podrán jugar una mala pasada si no hacemos nada con ellas.
Veamos la siguiente imagen:

Esta imagen me encanta y la utilizo muchas veces porque tiene aquella sutileza del mordisco sin intención, de niño pillo sin malas intenciones…Por ahora…
Pero… pero…y está siempre el “pero”, porque demasiadas veces nos encontramos con caballos que dan mordiscos de verdad. Y cuando nos muerden no sabemos qué hacer, bueno si, solemos hacer algo que puede ser dar un cachete o ignorarlo. Pero cuando lo empiezan a hacer una y otra vez, sabemos que algo no está bien porque los caballos no deben morder. Eso lo sabemos todos. Y los cachetes, al final, son remedios del momento que a largo plazo no resuelven el problema de base.
El caballo de la imagen nunca mordía, pero a base de dejarle hacer e ignorar pequeños avisos, acabó teniendo este tipo de reacciones. Ignorar, no es la solución. Una paliza tampoco. Un medio término tampoco. Entonces, ¿cuál es la solución?
Prevenir educando en un lenguaje que el caballo entienda.
La falta de educación NUNCA empieza por un mordisco. NUNCA empieza por esta imagen… Hay unas señales sutiles (aunque no para mí y si sigues por aquí dejarán de ser sutiles para ti también) que forman parte de aquellos detalles que nos pasan desapercibidos y de los que venimos hablando.
En Equierrores nos metemos de lleno en estos temas para que aprendas a ver esas señales tú directamente. En los cursos presenciales u online, siempre dedicamos tiempo para que termines con ese conocimiento: de forma presencial con demostraciones mías y ayudándote mientras montas a tu caballo y a distancia utilizando las clases de vídeo, vídeos comentados con ejemplos y demostraciones mías y la explicación al detalle de un montón de casos prácticos.
Le doy tanta importancia porque detalles de este estilo que se nos escapan hay muchos y casi siempre son síntomas de un mismo problema: No sabemos explicarle al caballo lo que debe hacer.
Si no te has leído el libro te estaré pareciendo un poco del tipo «sargento» pero no es así. Para nada. Si lo has leído, ya te habrás dado cuenta de que no existe confianza sin respeto ni respeto sin confianza con nuestros caballos.
En este caso concreto, este caballo es de los que en el momento que abres la puerta del box, ya está ansioso por salir… Es precisamente ahí donde su propietario pierde muchas veces el control (sin darse cuenta, porque es tan sutil todo, parece tan inofensivo y a veces hasta cómico) y llega a ese punto «que parece también medio inofensivo» de la imagen.
El caballo es del tipo dominante y «su humano» le va dejando hacer porque por un lado le causa gracia que sea así y por otro, le da un poco de pena corregirlo, con la idea equivocada de que si se pone a hacerlo tendrá que hacerlo siempre, a toda hora y le da un poco de cosa ser “tan estricto” con el caballo.
Es muy común y lo entiendo. Pero como no se le corrige demasiado, la rutina practicada desde que sale del box hasta el momento de esta imagen en que se le pone la cabezada es parecida con esta:
- Se abre el box y el caballo ya está con la cabeza fuera
- El propietario quiere entrar, empuja un poco al caballo para ponerle la cabezada y éste con un rodeo, se da una la vuelta por el box y como realmente le apetece salir, se deja poner la cabezada.
- Sale del box casi antes de que se le haya abierto la puerta
- Da un tironcito (no demasiado fuerte, medio disimulado) para coger un hierbajo que hay fuera.
- Sigue tirando hacia la hierba y logra dar un bocadito mientras su propietario tira de él para ir a atarlo.
- Una vez atado y después de un buen rato dando empujones mientras se hacen unos nudos en el ramal, se mueve, de un lado a otro, rascando el suelo, etc. Cepillándolo intenta dar unos mordiscos, nada del otro mundo, pero ya sólo de escribir el proceso me he cansado.
El caso es, que antes del momento de la imagen, antes de pasar la cuerda por el cuello para ponerle la cabezada (ya, ¡para que no se escape porque sólo le falta eso!), el caballo ya se ha ido como cinco veces a comer hierba y se le ha logrado quitar de la hierba, pero… de aquella manera…
Yo pienso que en esta situación ya subimos al caballo un poco cansados y si tenemos un mal día, hasta algo frustrados. Luego, montando, muy probablemente el caballo no haga caso a la pierna, no gire cuando queremos, si le da la gana hace lo que quiere, corta el círculo, lo abre cuando quiere, no pasa por los sitios que queremos pasar, hay que rodear los problemas para no entrar en conflicto…
Creo que ya te lo puedes imaginar y seguro, seguro que lo has visto o sentido. Si no, no estarías entre caballos.
Todas estas reacciones no son maldad del caballo, no se me malinterprete, el caballo está siendo caballo y mostrando señales normales de caballo, pero la interpretación de las señales indica que nunca nadie le dice dónde debe estar y qué debe hacer en cada momento desde que sale con SU HUMANO del box.
¿Te identificas? ¿Un poquito solo? ¿A veces? Nos ha pasado a todos.
La única forma de prevenir es empezar a establecer las normas desde el momento que abrimos la puerta del box y te dejo con un pequeño ejemplo que, si este tu caso, ya lo podrás empezar a solucionar hoy:
Muchos caballos dominantes, cuando nos acercamos para abrir la puerta ya están listos para salir. Cuando entramos parece que nos podrían atropellar si les dejásemos, para poder salir. Casi nunca nos dan la sensación de que mantienen una distancia prudente con nosotros. Mucho menos en momentos en los que están tensos o poco por la labor. (A la hora de comer, de salir, cuando pasan otros caballos, lleva tiempo sin trabajar demasiado, etc…)
En nuestro curso online que te enseña Cómo aplicar el LENGUAJE EQUINO en tu día a día hablamos de las 5 situaciones más comunes que nos pueden poner en peligro. Si estás haciendo el curso, lo reconocerás ;).
Sigamos hablando de esta situación en concreto, en la que el jinete no tiene el mando de la situación y veamos qué podemos empezar aplicar cuando nos encontremos en una situación parecida.
El mejor momento de actuar es precisamente cuando nos acercamos al box (o campo). Desde fuera ya empezaremos a pedir espacio y cuando estemos abriendo la puerta ellos tienen que apartarse de la puerta. En el curso online también te explico por qué debes hacer esto pero te doy una pista con la frase: «El primero que mueve los pies, pierde el liderazgo».
En el curso te lo demuestro con ejemplos de cómo funcionan las cosas entre ellos y vemos también como debemos funcionar nosotros con ellos, aquí, por correo, tendrás que creerme cuando te digo que si cuando estamos abriendo la puerta del box/campo tenemos que apartarnos o tener cuidado y apartarnos para que no nos pisen o empujen, el liderazgo está del lado del caballo. A partir de ahí, irá escalando hasta llegar a situaciones parecidas a las de la imagen o peor.
Cuando entramos, les tenemos que exigir un paso o dos hacia atrás para que podamos entrar sin sentirnos avasallados, antes de acercarle la cabezada de cuadra.
Hay que exigirle distancia sin enfadarse y siendo consecuente. No vale dejar que avance un pasito o medio pasito hacia donde estamos ni que hagan lo que yo llamo el “me voy, pero vuelvo cuando quiera…”. Tienen que irse y quedarse quietos donde les hemos dicho que deben estar. Esto vale para muchas situaciones, pero de momento, el box es un buen sitio para practicar.
Si ya has trabajado en algún curso conmigo ya sea on-line o presencial, todo esto te sonará muchísimo y seguro que te alegras de haberlo hecho. Seguro que ahora estarás siempre buscando la primera señal para corregir y no dejar escalar las situaciones que empiezan por esas primeras señales. Aplicando los conceptos que aprendiste cuando trabajamos juntos, sabrás cómo transmitirle desde el primer momento que le entiendes y que hay determinadas cosas que debe hacer con su cuerpo y su mente cuando esté compartiendo el espacio contigo o cuando lo estés montado.
Te habrás dado cuenta, ni que sea en pequeñas cosas que, una vez el caballo va entendiendo que sabes interpretarlo y empiezas a utilizar un lenguaje que él entiende mientras le pones tus normas y le transmites confianza, empieza a cumplir con sus funciones con ganas y colaborando, en vez de resistir, defenderse o querer irse a «otra cosa» cuando estáis trabajando juntos.
Si no has trabajado aún conmigo, pero sigues por aquí, te iré demostrando que este tipo de comunicación se reflejará de forma muy positiva cuando estamos montando y trabajando en la disciplina que solemos practicar: Nos es más fácil pedir las cosas porque el caballo nos entenderá. Y tú podrás hacerlo también si dedicas un tiempo a estudiar la base de esa comunicación y aprendas a aplicarla en tu día a día.
Tu presencia, tus compras en equierrores, tus mensajes y tu divulgación de nuestro Facebook, youtube y blog en las redes sociales son la razón por la cual estas clases existen, independientemente de si compras algo o no. Nunca te olvides de eso mientras estés por aquí y cuenta conmigo para lo que pueda ayudarte.
Si te identificas con la situación descrita hoy y si dudas sobre alguna señal en particular que tu caballo esté demostrando en alguna situación concreta, puedes contactarme también por este formulario de contacto. Estaré encantada de ayudarte.